LECTURAS Y PELÍCULAS PARA PENSAR LOS ESPACIOS PARA EL CUIDADO DESDE OTRO LUGAR
Agosto es un mes en el que todo parece detenerse. El tiempo libre nos permite mirar con otros ojos, leer con calma y pensar de forma más amplia. En ENERO Arquitectura creemos que también es un momento perfecto para hacer conexiones inesperadas. Este verano proponemos un viaje cultural diferente: cruzar los mundos del cine y la literatura con los espacios hospitalarios.
A través de dos películas y dos libros os sugerimos cuatro miradas que nos ayudan a pensar cómo habitamos los hospitales. Estas obras, distintas entre sí, tienen algo en común: nos recuerdan que los espacios no solo se construyen con materiales, también con experiencias. A continuación, te presentamos nuestras recomendaciones para este verano.
EL HOMBRE QUE CONFUNDIÓ A SU MUJER CON UN SOMBRERO, DE OLIVER SACKS.
Este libro reúne una serie de relatos clínicos reales escritos por el neurólogo británico Oliver Sacks. A través de sus páginas conocemos a pacientes que han perdido la capacidad de reconocer rostros, que escuchan música que no existe o que confunden objetos cotidianos. El autor no solo describe los síntomas, sino que retrata con sensibilidad cómo cada persona vive su mundo de forma única. Lejos de lo puramente médico, el libro es una reflexión sobre la percepción, la identidad y la complejidad de la mente humana.
Muchos de los casos que aparecen en el libro transcurren en hospitales, consultas o instituciones de salud. Estos entornos tienen un impacto silencioso pero profundo en la vida de los pacientes. En sus descripciones, Sacks nos hace pensar que un entorno bien diseñado puede facilitar la orientación, reducir la ansiedad y ofrecer seguridad. Esto nos recuerda que, como arquitectos, tenemos la responsabilidad de crear espacios que no solo funcionen, sino que también acompañen. En el caso de personas con trastornos neurológicos, cada detalle del entorno físico importa más de lo que pensamos.

Portada del libro, El hombre que confundió a su mujer con un sombrero.
EL PABELLÓN NÚMERO 6, DE ANTÓN CHEJOV
En esta breve novela Antón Chéjov nos presenta la vida del doctor Yefímich, un médico que trabaja en un hospital de provincia. Poco a poco se va interesando por un paciente psiquiátrico que parece más sensato que los propios médicos. Finalmente, el propio doctor termina ingresado como paciente en el mismo pabellón en el que antes solo era visitante. La obra es una crítica al abandono, a la falta de empatía y a las instituciones que olvidan a las personas.
El hospital que retrata Chéjov está lejos de ser un lugar que cuida. La arquitectura de este hospital refuerza el aislamiento y la indiferencia. En contraposición, los hospitales actuales buscan transmitir dignidad, respeto y cercanía.

Portada de El pabellón n.º 6.
THE DIVING BELL AND THE BUTTERFLY, DE JULIAN SCHNABEL
Esta película está basada en las memorias reales de Jean-Dominique Bauby, un editor francés que tras un accidente cerebrovascular queda completamente paralizado. Solo puede mover un párpado, pero con él logra dictar un libro entero. La historia está contada desde su punto de vista. Vemos lo que él ve, escuchamos lo que él escucha y sentimos la inmovilidad desde dentro. El hospital se convierte en el único escenario posible, pero también en el lugar desde el que Bauby imagina, recuerda y sueña.
A lo largo de la película, el entorno hospitalario no es neutro. Cada habitación, cada ventana, cada pasillo forma parte del relato emocional del protagonista. Desde su inmovilidad, los espacios adquieren un peso enorme. La arquitectura hospitalaria se vuelve protagonista porque influye directamente en el bienestar y la percepción del paciente. Esta historia nos invita a pensar en aquellas personas que no pueden desplazarse ni expresarse con facilidad. Nos recuerda que el diseño debe anticiparse a esas limitaciones y ofrecer lugares en los que también se pueda sentir libertad.
EL BRUTALISTA, DE BRADY CORBET
Esta película cuenta la historia de un arquitecto que emigra a Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial. A través del estilo brutalista, comienza a construir edificios que reflejan sus experiencias personales, su exilio y su visión del futuro. La cinta recorre distintos momentos de su vida y muestra cómo el hormigón, la geometría dura y los espacios masivos pueden ser formas de expresión. Lejos de ser fría, esta arquitectura se convierte en lenguaje emocional.
Muchas infraestructuras sanitarias del siglo XX se construyeron en estilo brutalista. Se buscaba solidez, funcionalidad y permanencia. Sin embargo, con el tiempo, estos edificios fueron criticados por su falta de calidez. Esta película nos ayuda a mirar ese legado con otros ojos. Hoy cuando proyectamos arquitectura hospitalaria buscamos un equilibrio entre lo robusto y lo acogedor. El brutalismo nos recuerda que también lo sólido puede emocionar si se entiende desde lo humano.

Cartel de El Brutalista.